Las mejores fotografias de naturaleza del mundo animal salvaje del 2020
En unas vacaciones al norte de Sulawesi, Indonesia, Sam se detuvo para observar el comportamiento de un grupo de peces payaso mientras nadaban con patrones frenéticos y repetidos dentro y fuera de su guarida, una magnífica anémona. Estaba intrigado por la expresión de un individuo cuya boca estaba constantemente abierta sosteniendo algo. Los peces payaso son muy territoriales y viven en pequeños grupos dentro de una anémona. Los tentáculos de la anémona protegen al pez payaso y sus huevos de los depredadores gracias a que el pez payaso desarrolla una capa especial de moco para evitar ser picado por la primera. A cambio, los inquilinos se alimentan de escombros y parásitos dentro de los tentáculos y airean el agua a su alrededor a la vez que disuaden a otros peces de alimentarse de la anémona.. En lugar de seguir al pez en movimiento en su visor, Sam se colocó donde sabía que volvería al encuadre. Cuando descargó las fotos en su casa vio pequeños ojos asomando por su boca del pez payaso. Era un ejemplar de Cymothoa exigua, un isópodo parásito que nada a través de las branquias y se adhiere a la base de la lengua de estos peces alimentándose de su sangre. La imagen de Sam, una recompensa a su curiosidad, captura tres formas de vida muy diferentes y sus vidas entrelazadas.
ue en unas vacaciones de verano en Helsinki que Liina, que entonces tenía 13 años, se enteró de que una gran familia de zorros vivía en los alrededores de la ciudad, en la isla de Lehtisaari. La isla tiene áreas boscosas y ciudadanos tolerantes con los zorros, por lo que estos están relativamente acostumbrados a los humanos. Liina y su padre pasaron un largo día de julio, sin esconderse, mirando a los dos adultos y sus seis grandes cachorros que, aunque más delgados, eran casi del tamaño de sus padres. Eran las 7 de la tarde cuando empezó la emoción con la llegada la madre zorro con un ganso en las fauces. Las plumas volaron cuando los cachorros comenzaron a pelear por él. Uno finalmente ganó su propiedad. Arrastrando al ganso a una grieta, el cachorro intentó comerse su premio mientras bloqueaba el acceso a los demás. Tumbada a solo unos metros de distancia, Liina pudo enmarcar la escena y capturar la expresión del joven mientras intentaba mantener a raya a sus hermanos hambrientos.
Con una expresión de puro éxtasis, una tigresa se abraza un antiguo abeto de Manchuria, frotando su mejilla contra la corteza para dejar secreciones de sus glándulas olfativas. Se trata de una tigresa de Amur, o siberiana que habita en el Parque Nacional Tierra del Leopardo, en el Lejano Oriente Ruso. Esta especie, ahora considerada la misma subespecie que el tigre de Bengala, se encuentra solo en esta región, y cuenta con un pequeño número de ejemplares que sobreviven en la frontera de China y posiblemente otros tantos en Corea del Norte.
Cazados casi hasta la extinción durante el siglo pasado, la población de tigres de Amur todavía está amenazada por la caza furtiva y la tala, que también afecta a sus presas, principalmente ciervos y jabalíes. No obstante, censos recientes aún no publicados oficialmente y realizados con cámaras trampa indican que una mayor protección de la especie puede haber dado como resultado un aumento de sus poblaciones hasta los 500 o 600 ejemplares, un aumento que se espera que se confirme en un censo formal futuro.
Las bajas densidades de presas significan que los territorios de los tigres son enormes. Sergey sabía que sus posibilidades eran escasas, pero estaba decidido a tomar una fotografía del animal tótem de su tierra natal siberiana. Buscando señales en el bosque, concentrándose en árboles a lo largo de rutas regulares donde los tigres podrían haber dejado mensajes (olor, pelos, orina o marcas de rasguños), instaló su primera cámara trampa en enero de 2019 frente a este gran abeto. Pero no fue hasta noviembre que logró la imagen que había planeado, la de una magnífica tigresa en su entorno forestal.



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